Comida casera: mucho más que una manera de cocinar
Hay platos que solo con el aroma ya nos transportan a otro momento. Una salsa haciendo chup-chup, una tortilla recién hecha o unas albóndigas pueden despertar recuerdos que pensábamos que teníamos olvidados. Esta es probablemente una de las grandes virtudes de la comida casera: no solo alimenta, también conecta con la memoria.
Pero, ¿qué hace exactamente que identifiquemos un plato como casero?
Sabores que reconocemos
La comida casera suele partir de recetas sencillas y sabores fáciles de reconocer. No necesita una presentación complicada ni ingredientes difíciles de encontrar.
Una tortilla de patatas, unas albóndigas con tomate, unas manitas de cerdo o una buena escalivada funcionan precisamente porque sabemos qué esperamos cuando las probamos. Son platos que forman parte de nuestra cultura gastronómica y que han pasado de generación en generación.
En la carta del Bar Plaça conviven muchas de estas propuestas con bocadillos, tapas, ensaladas y platos combinados.
La cocina también es memoria
Los gustos y los olores están muy relacionados con los recuerdos. Por eso un plato puede hacernos pensar en una comida de domingo, en los abuelos, en una fiesta familiar o en aquel bar de pueblo al que habíamos ido tantas veces.
La comida casera tiene esta capacidad porque a menudo está relacionada con recetas conocidas y momentos compartidos.
El desayuno de tenedor, por ejemplo, va mucho más allá de lo que hay en el plato. También es sentarse, conversar, comer sin prisas y disfrutar de la compañía.
Comer sin complicaciones
Quizá este sea el secreto. Cuando decimos que algo sabe a casa, no solemos pensar en una técnica complicada. Pensamos en un plato hecho como toca.
Esta filosofía también forma parte de Bar Plaça Mont-roig: una cocina basada en platos de siempre, tapas, bocadillos y propuestas pensadas para disfrutar alrededor de la mesa.
Porque la buena comida casera no necesita sorprender en cada bocado. A veces, lo mejor que puede hacer un plato es conseguir que reconozcamos su sabor antes, incluso, de haberlo probado.
